Aceptar una negativa no siempre es fácil. A veces ponemos tantas expectativas, ilusiones y emociones en experiencias como , una oportunidad laboral o que, cuando algo no sale como esperábamos, el rechazo puede notarse como algo mucho más grande que un simple “no”. Puede sentirse como un puñal que nos atraviesa y hacernos cuestionar nuestro valor, nuestras decisiones e incluso nuestra capacidad para conseguir aquello que queremos. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Y si dejáramos de interpretar una negativa como un fracaso personal y lo entendiéramos como una parte inevitable de la vida?
Aprender a aceptar que no todo está bajo nuestro control también es una forma de . “Está muy relacionado con el estilo de apego que hemos recibido en la infancia. Por ejemplo, alguien con un apego seguro va a tener una buena autoestima y se va a sentir válida simplemente por existir. Puede que si les rechaza alguien que les gusta se sientan mal al principio, pero siguen con su vida”, asegura la psicóloga experta en duelo y trauma .
Otras personas, en cambio, pueden llegar a deprimirse. “Si un niño ha crecido en un ambiente de mucho control, o le señalaban demasiado los errores y le reñían y castigaban mucho, al final construye la idea de sí mismo de que no es válido. No es visible, pero está en su consciencia, por lo que cuando le dan un ‘no’ por respuesta le tocan la herida y se viene abajo”, sostiene la experta.
González considera que la mayoría de las veces las negativas no suelen quedarse solo en el “no”, sino que pueden activar preguntas mucho más profundas como: “¿Qué tengo de malo?”, “¿por qué no me eligen?”, “¿qué dice esto de mí?”. Una negativa puede despertar también la manera en que nos tratamos. “Cuando alguien no ha recibido en su crianza la suficiente seguridad, la estabilidad emocional y las respuestas adecuadas a sus demandas en sus relaciones tempranas, al final estas cuestiones aparecen. Puede manifestarse como , dificultad para confiar, necesidad excesiva de afecto o tendencia a evitar la cercanía emocional”, asegura la psicóloga.
Una investigación publicada en la revista científica Acta Psychologica en julio de 2026, titulada , apunta también en esta dirección. El informe encontró una asociación entre una mayor percepción de rechazo social con una menor autoestima. Los investigadores observaron, además, que la autocompasión, la capacidad de tratarse a uno mismo con comprensión ante el sufrimiento o el fracaso estaban relacionados con esa conexión.
“No te seleccionan para un puesto de trabajo y, aunque sabes que se presentaban muchos candidatos, empiezas a cuestionarte en bucle si realmente eres suficientemente competente; o propones un plan a tus amigas y no quieren ir. Sabes racionalmente que tienen sus circunstancias, pero terminas concluyendo que ‘nadie quiere hacer nunca planes conmigo”, desarrolla Marina Cordero, experta en intervención psicológica con perspectiva feminista en . Para esta especialista, se puede entender por qué te dicen “no”, pero eso no significa que no esté el sentimiento del rechazo. “No es contradictorio. Entender racionalmente una negativa no hace que desaparezca automáticamente lo que hemos aprendido a sentir ante ella”, continúa. Y puntualiza: “Nuestro comportamiento (qué hacemos, qué pensamos o qué sentimos) depende de nuestra historia de aprendizaje y del contexto que nos rodea”.
Cordero sostiene que no existen , pero conviene comenzar por aceptar que las situaciones externas a nosotros no se pueden controlar. “Creo que lo primero es no obligarnos a pensar inmediatamente algo positivo. Si te rechazan para un trabajo que deseabas muchísimo, decirte ‘no pasa nada’ probablemente sea falso. Sí pasa algo: estás decepcionada. Y podemos empezar por algo más realista: ‘Esto me duele porque me importaba”, comenta. Otro factor importante es discernir entre lo que es real y lo que nos imaginamos. “Hay que separar lo que ha ocurrido de verdad de las conclusiones que añadimos nosotros: ‘Que no me hayan elegido esta vez no es una medida objetiva de mi valor’. Y preguntarnos si hay alguna información útil que podamos extraer o si simplemente estamos buscando un defecto en nosotros para explicar el rechazo”, reflexiona.
Otra forma de afrontar y aceptar una negativa desde el punto de vista psicológico es, según González, lo que se denomina invocar al yo adulto, yo central o esencial. “Para poder aprender sobre una negativa sin que afecte a nuestra autoestima tenemos que invocar a lo que, dependiendo de la fuente, se llama el yo central o el yo adulto, algo que todos tenemos, aunque a veces muy escondido o apartado. Es una voz amable, compasiva, creativa, ”, describe. Y agrega: “Es cuestión de encontrar una figura amorosa y sabia dentro de nosotros y ver cómo me hablaría. Si no la encontramos, podemos pensar en alguien que conocíamos y que era así, o en un personaje de ficción, lo que a cada uno le valga”.
En definitiva, gozar de una buena autoestima tampoco nos exime de que las cosas no nos afecten, sino de que no sobrepasen los límites hacia la persona que somos. “Tener buena autoestima no significa pensar que nunca hacemos nada mal o que nada nos afecte, sino poder revisar lo que depende de nosotras sin convertir cada ‘no’ en un juicio sobre quiénes somos”, resume Cordero.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
