Se tocan todos los temas: la política, la actualidad, el arte, el cine y la salud no son la excepción. han democratizado los 15 minutos de gloria que se suelen atribuir a Andy Warhol: “En el futuro, todo el mundo será famoso durante 15 minutos”. Pues ese futuro ya está aquí: desde casa y se puede lograr un alcance difícil de conseguir por otros medios, lo cual puede ser positivo; nos lleva aún a un exceso de información que, si no cribamos bien las fuentes, nos aporta más dudas y miedos que certezas.
En las redes sociales, la conversación sobre salud ha dado paso a un universo mucho más amplio: el del . Bajo esta etiqueta cabe casi de todo: alimentación, ejercicio, higiene del sueño, rutinas de belleza, journaling, manifestaciones y toda clase de rituales esotéricos que prometen ayudarnos a vivir mejor. El bienestar se ha convertido así en un escaparate en el que conviven hábitos respaldados por la evidencia con prácticas de dudosa eficacia, todas ellas presentadas, a menudo, como piezas de una misma receta para alcanzar una vida más plena.
La temática que más me llama la atención como nutricionista que soy es lo relativo a la comida; en qué momento del día es mejor ingerirlos y el top cinco de alimentos a evitar. Nos invitan a hacer ayunos, recetas, trucos para estar más delgados, no más sanos. Todos comemos, ¿por qué no comentar desde el móvil nuestra alimentación?
En un estudio publicado en julio la mitad de cada una, utilizando los hashtags de búsqueda #healthylife, #nutrition, #cleaneating en dos días, del 25 al 27 de mayo de 2025. Los vídeos tenían una duración de unos 25 a 26 segundos, y el contenido iba dirigido a mujeres, y las creadoras de contenido también lo eran.
De estas cuentas se extrajeron los siguientes datos:
Hablar de en las redes no debería ser un problema; lo es cuando ese modelo de nutrición que nos proponen va asociado a un único tipo de cuerpo. Como ya has imaginado, es un cuerpo delgado el que se suele mostrar para que quede claro lo “saludable” que es lo que te proponen; si es una mujer la que lo comparte, suele ir en ropa deportiva y corta, que deje ver bien el abdomen, y si es un hombre, no suele gastar en ropa y va sin camiseta. El cuerpo es una muestra simbólica de lo sana que es su modelo de alimentación.
Este contenido suele acompañarse de un lenguaje propio: hablan de “alimentación limpia”, “comida real” o “real food”; suelen vender la restricción desde el cuidado y la disciplina, como si no comerse unas galletas de chocolate fuera una demostración de amor propio. Demonizan alimentos; los hay buenos y malos, hacen lista de lo que bajo ningún concepto comerían; a veces lo hacen desde las etiquetas de procesados o , y otras directamente los tildan de mierda, basura, comida chatarra; de esa manera se va introduciendo la culpa y la moralidad. Se basan en una técnica bastante perversa: usan el miedo para vender salud.
Hablan de la comida en términos de macronutrientes, superalimentos y, cómo no, de suplementos. Cada elección alimentaria es una oportunidad para mostrar disciplina, sus valores y autocuidado. Sí, también hablan mucho de autocuidado. Si comen algo que ellos han tildado de no tan saludable, recurren a la salud mental, y ahí el mensaje es otro: “Es muy sano comer un poco de pizza de vez en cuando, tu cabeza te lo agradecerá”. O lo encuadran en el momento: “¿Cómo no iba a comer tarta en el cumpleaños de mi abuela?”. Cada elección alimentaria tiene una justificación; comer desde el placer o desde la curiosidad no tiene cabida en estos perfiles.
Cuando se hace este tipo de contenido, hay que tener en cuenta que no solo se habla del alimento en un entorno aislado, sino que se construye una relación con la comida. Por muy sano que sea lo que ingieres, si tu alimentación exige compensación, tiene reglas y alimentos prohibidos, ese modelo ni es libre ni sano.
La puesta en escena también es importante: muestra el cuerpo; es una manera de decir que su “método” funciona y convierte la comida en una herramienta para conseguir un determinado físico. La comida y el ejercicio se ponen al servicio de la apariencia, y se refuerza un único modelo de cuerpo. La diversidad corporal en este contexto no existe; si no tienes ese tipo de cuerpo, es porque no te esfuerzas demasiado.
El ejercicio es ejemplarizante, se convierte en estas cuentas en una obligación moral y en una medida compensatoria: ninguna galleta sin su correspondiente castigo, a no ser que sea proteica. El ejercicio se usa para modelar el cuerpo y compensar los “excesos”, lo que genera una relación muy complicada tanto con él como con la comida. Los datos del estudio sobre el deporte:
Por si todo esto fuera poco, en el estudio se revela lo que, a mi juicio, es más grave:
El problema no es solo que la información sea falsa, es que estamos dando autoridad a este tipo de perfiles. ¿En qué nos basamos para elegir determinados contenidos como fuentes de información?
Las redes sociales están mostrando un modelo de lo que significa estar sano: comer de una determinada manera, entrenar de una determinada manera y, sobre todo, tener un único tipo de cuerpo. Se repite tanto que se convierte en la única forma válida de representar la salud.
Este tipo de contenido fomenta la insatisfacción corporal, culpa y puede inducir a conductas muy complicadas y perjudiciales en busca de ese “cuerpo ideal”. Quizás haya que empezar a plantearse qué es realmente sano para cada uno de nosotros, independientemente de lo que digan las redes sociales, especialmente si nos lo muestran con poca ropa y desde un púlpito de moralidad.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
