Los nuevos fármacos a base de cannabis empezarán a llegar a partir de la semana que viene a los hospitales españoles. Ha sido necesario un año, , para que la Agencia Española del Medicamento (AEMPS) los regulara, los proveedores se inscribieran, se cerrara la distribución y que los centros comenzaran a hacer pedidos. Llegarán a los pacientes poco a poco, a medida que los médicos y las farmacias hospitalarias vayan familiarizándose con estos preparados.
Su uso está delimitado a cuatro supuestos: la espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, las formas graves de epilepsia refractaria, las náuseas y vómitos provocados por la quimioterapia y el dolor crónico que no responde a otros tratamientos, el más esperado por el volumen de pacientes a los que puede beneficiar. No existe un cálculo preciso de cuántos serán de los ; un especialista hospitalario deberá evaluarlos individualmente y acreditar el fracaso de otras alternativas.
“Por fin dejamos de estar en manos de los narcos y del mercado negro”, presidenta del Observatorio Español de Cannabis Medicinal y paciente con dolor neuropático. Se considera una candidata perfecta a estos tratamientos porque le han fallado todos los disponibles en la unidad del dolor, incluidos neuroestimuladores, ketamina intravenosa, fentanilo y metadona. Tiene dolor desde que era pequeña, cuando se rompió el coxis, y ha pasado por 13 operaciones. Ahora espera “un producto estandarizado, con dosis controladas y supervisión clínica”, en lugar de buscar una solución fuera del sistema, como ha venido haciendo en los últimos años.
El nuevo cannabis medicinal no consistirá en España en fumarse un porro. Ni siquiera en ir a la botica a por unas pastillas a base de sus principios activos, algo que ya sucede con dos fármacos aprobados para epilepsia y esclerosis múltiple. Solo podrán dispensarlo las farmacias hospitalarias a raíz de la prescripción médica. Sobre todo, de oncólogos, hematólogos, anestesistas y otros especialistas en medicina del dolor.
La compañía Curaleaf fue la primera en inscribir en el registro de la AEMPS los dos primeros preparados: CAN-1, con predominio de THC (el principio activo del cannabis que coloca), y CAN-2, con predominio de CBD (que no tiene efectos psicotrópicos). Los suministrará por separado para que el hospital adapte las proporciones a cada enfermo. “Vamos a empezar en unos 50 centros públicos y privados esta misma semana”, explica su consejero delegado, Juan Pablo Martínez, que prevé una implantación progresiva a medida que los hospitales vayan solicitando el producto.
La AEMPS, que autorizó en verano los primeros compuestos, aclaró la semana pasada a las farmacias hospitalarias que no es necesaria ninguna nueva autorización para pedir los compuestos, algo que erróneamente estaban esperando algunos centros, según explican fuentes del organismo. La regulación ya está plenamente vigente y solo depende de las gerencias empezar a dispensar cannabis medicinal.
En las unidades del dolor llevaban mucho tiempo esperando estos preparados para los pacientes que no respondían a ningún medicamento. Carlos Tornero, jefe de la del Hospital Clínico Universitario Valencia y responsable de la sección de Dolor de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR) explica que con los medicamentos a base de cannabis “se pretende mejorar la calidad de vida del paciente, su funcionalidad, el dolor y el descanso”. “Imagina una persona que todos los días tiene dolor. Está ansiosa, irritable, no duerme, tiene malestar… Con estos medicamentos no vamos a suprimir de golpe todo esto, pero es una alternativa nueva para quienes no les ha funcionado otra cosa”, resume.
Este matiz es importante y también una de las decepciones de muchos pacientes. Para ser candidatos a los fármacos con cannabis, tienen que fracasar antes con otros, como los opioides. Tornero cita entre los posibles beneficiarios a personas con dolor neuropático; por ejemplo, después de un herpes, con neuropatía diabética o con dolor persistente tras la quimioterapia, y a algunos enfermos de cáncer mal controlados pese a los tratamientos disponibles. “Con lo que hay hoy en día no llega. Pero no podemos limitar los tratamientos a CBD y THD, tendrán que encajar en un abordaje multimodal, con fisioterapia, ejercicio, control de peso, otros fármacos y técnicas intervencionistas. También habrá que descartar o , esquizofrenia o trastorno bipolar”, añade.
Blasco, sin embargo, es cauta con las expectativas que los fármacos pueden despertar en muchos pacientes: “Es un campo en el que aún queda mucho por aprender. Algunos estudios apuntan a una mejoría del dolor refractario con THC/CBD, aunque con certeza baja, y hay evidencia moderada de que el THC oral no alivia el dolor intenso refractario a opioides. Otros estudios comparan al paciente con su situación previa, lo que no permite separar con precisión el efecto del fármaco del efecto placebo o de las fluctuaciones naturales del dolor, y algunos tienen limitaciones de diseño. Eso no invalida los resultados, pero invita a seguir investigando para saber cuánto aportan y a quién”. Por eso la experta reclama revisar toda la medicación, empezar con dosis bajas y ajustar con contactos frecuentes.
Carola Pérez teme que los primeros pasos sean lentos, ya que, según denuncia, “falta mucha formación a los propios médicos”, que en ocasiones no recurren a estos fármacos por “desconocimiento”. Pero, al otro lado del teléfono, desde Suiza, donde está completando uno de sus interminables tratamientos para el dolor, se muestra esperanzada: “Estamos contentos de acceder a algo estandarizado, limpio y pagado por la seguridad social”.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
