“Es la medida más coste-efectiva que se puede hacer en Atención Primaria para reducir el uso de antimicrobianos y el problema de las resistencias. Pero esto [su implantación] supone un desafío que todavía no hemos logrado superar”, resumió Antonio López, coordinador de Salud Humana del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), en el , celebrado la semana pasada en Oviedo.
“Vamos a trabajar con las comunidades y las profesiones sanitarias, entre las que estará la farmacia, para ver cómo somos capaces de implementar la prescripción diferida”, concluyó López. La decisión sigue a otras como con las pastillas sobrantes que se acumulan en los hogares.
José María Molero, portavoz de infecciones de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), apunta a la falta de formación ciudadana como otra de las causas. Según el Eurobarómetro de 2022, el “46% de los españoles cree que los antibióticos curan infecciones causadas por virus” y “el 36% que son eficaces frente a los catarros”. Para este facultativo, “estos datos muestran que no se ha abordado de forma eficiente la educación sobre su uso”.
“El paciente quiere estar bien cuanto antes. Desde la farmacia cuesta hacerle entender que la fiebre o el dolor son síntomas propios de un virus y que el antibiótico no los quitará”, añade Iván Espada, del . Los expertos recuerdan que cada toma indebida no solo alimenta las resistencias, sino que supone un gasto público ineficiente y provoca daños en la microbiota intestinal.
Molero destaca que “muchas veces” el facultativo percibe que el paciente entra en la consulta con la expectativa de salir con una receta, lo que da pie a escenarios complejos cuando no está indicado. No prescribirlo “puede minar la relación médico-paciente”, mientras que hacerlo para no defraudarle es alejarse de la buena práctica médica. “Esta misma percepción dificulta la prescripción diferida, porque el médico puede pensar que el paciente ignorará sus instrucciones y empezará a tomar el antibiótico desde el primer día”, explica este facultativo.
En este punto adquiere especial relevancia el papel del farmacéutico, defiende Espada. “La responsabilidad de la prescripción es siempre del médico, pero a menudo el paciente tiene dudas después de salir de la consulta. En un proceso como la prescripción diferida, esto será aún más frecuente, así que el farmacéutico puede ayudarle a tomar las mejores decisiones. Si los mensajes de médicos y farmacéuticos están alineados, podrá avanzarse más rápido hacia el uso adecuado de los antibióticos”, sostiene.
Allí donde se ha aplicado, la prescripción diferida ha obtenido buenos resultados. En el Reino Unido, esta estrategia está muy consolidada y se aplica en cerca de la mitad de las infecciones respiratorias. Los datos de las escasas iniciativas llevadas a cabo en España son también positivos. La Comunidad Valenciana, por ejemplo, puso en marcha en 2023 una herramienta para llevarla a cabo y resumió : “Entre los pacientes en los que se ha empleado la prescripción diferida [...], tan sólo un 35,02% de los pediátricos y un 49,5% de los adultos necesitaron finalmente tratamiento antibiótico, y se ha registrado una reducción del consumo de antimicrobianos”.
El informe de la RedETS llevó a cabo una revisión sistemática que incluyó 12 ensayos clínicos aleatorizados, con datos de 3.750 pacientes. La AEMPS se basa en este trabajo para defender que “la prescripción diferida reduce significativamente el uso de antibióticos frente a la prescripción inmediata, sin [que haya] diferencias relevantes en el control global de los síntomas”.
Como punto desfavorable, “el dolor y el malestar pueden ser algo mayores a corto plazo con la prescripción diferida, especialmente entre el tercer y el sexto día, pero la duración de los síntomas es similar con ambas estrategias”. En todo caso, “la satisfacción de los pacientes con la prescripción diferida es similar a la de la prescripción inmediata y mayor que con la no prescripción”.
Otra de las conclusiones del estudio es que “la tasa de reconsulta también es similar entre las distintas estrategias” y que “no se observaron más complicaciones ni diferencias relevantes en efectos adversos como vómitos, diarrea o erupciones cutáneas” al utilizar la prescripción diferida.
La AEMPS destaca que la prescripción diferida puede ser una “herramienta especialmente útil en aquellas situaciones en las que existe incertidumbre sobre la necesidad de tratamiento antibiótico”, ya que da más tiempo para que el proceso infeccioso evolucione y sea posible valorar la necesidad o no de tomar un antibiótico. Todo ello manteniendo la seguridad del paciente y sin aumentar innecesariamente el consumo de antibióticos.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
